jueves, 14 de marzo de 2013

Francisco: Papel de Bergoglio en dictadura de Videla ensombrece su pasado


HABLA, MEMORIA. Dos sacerdotes bajo su mandato fueron secuestrados por los militares debido a presuntas acusaciones de su superior eclesiástico, pero Bergoglio afirma que no es cierto y que, por el contrario, los ayudó a recuperar la libertad.

Ángel Páez.
“Fue una guerra justa, en los términos de Santo Tomás: una guerra defensiva. No fue una guerra sucia”, explicó el ex dictador Jorge Rafael Videla al periodista Ceferino Reato, quien lo entrevistó el año pasado. El general condenado a cadena perpetua se refería a la brutal represión durante el régimen que encabezó entre 1976 y 1981.
Videla, que reza el rosario todos los días, no era el único que pensaba así. También hubo sacerdotes que creían que los militares golpistas eran cruzados de la Iglesia contra la “amenaza comunista”. Y los ayudaron a vencer al enemigo. A Jorge Mario Bergoglio se le atribuye haber sido uno de ellos. Él lo niega.
Entre 1973 y 1979, en plena euforia de las torturas, masacres y desapariciones de la satrapía de Videla, Bergoglio era la autoridad provincial de la Compañía de Jesús. Horacio Verbitsky, uno de los más tenaces y rigurosos periodistas de investigación de la dictadura militar argentina, documentó el papel de Bergoglio durante la “guerra sucia”.
ELLOS ACUSAN
En el 2005, bajo el título de El silencio: de Paulo VI a Bergoglio. Las relaciones secretas de la Iglesia con la ESMA, Verbitsky reveló el entrañable vínculo de las autoridades eclesiásticas con los represores, en particular con los que controlaban el centro de detención, tortura y muerte instalado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), adonde fueron a parar, acusados falsamente de terroristas, los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics. El 23 de mayo de 1976, ambos estaban bajo las órdenes deBergoglio cuando fueron secuestrados, dos meses después del golpe de Estado de Videla. Un poco antes, Bergoglio les había pedido que dejaran la comunidad de pobres donde trabajaban y ellos se negaron.
Hasta ese momento, los testimonios recogidos por Verbitsky indicaban que Bergoglio había acusado a Yorio y Jalics y que un comando de marinos cumplió con plagiarlos. Pero Bergoglio dio otra versión a Verbitsky: “Me moví (por los sacerdotes) desde el primer día y vi dos veces a Videla y otras dos a (José Emilio) Massera (jefe de la Marina), pese a lo difícil que era en ese momento conseguir audiencia con ellos. Me dijeron que no sabían qué había ocurrido y que iban a averiguar.
Cuando tuve información de que (Yorio y Jalics) estaban en la ESMA, pedí una nueva audiencia con Videla y se lo comuniqué. Videla dijo que el Ejército y la Marina tenían comandos separados, que iba a hablar con Massera, pero que no era fácil”.
Sin embargo, el sacerdote Yorio, que junto con su colega Jalics fue torturado y fue retenido en la ESMA durante cinco meses, negó a Verbitsky que Bergoglio intervino por la excarcelación de ambos. “No tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario”.
SE DEFIENDE
El libro de Verbitsky circuló cuando el Vaticano había sufrido la muerte del papa Juan Pablo II y buscaba un nuevo sucesor, entre quienes estaba voceado Bergoglio. Pero no resultó elegido. El propio cardenal atribuyó a la publicación de Verbitsky haber sido una influencia negativa. Si consideraba falso lo revelado por el periodista, ¿por qué no respondió? “Para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”, dijo en El jesuita, un libro de conversaciones con los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti.
Ante la duda, Horacio Verbitsky continuó con la investigación e hizo importantes hallazgos que publicó en el libro Doble juego: la Argentina católica y militar. Halló documentos eclesiásticos que comprometen a Bergoglio en el caso de los sacerdotes Yorio y Jalics. Por ejemplo, un reporte de inteligencia militar en el que se afirma: “A pesar de la buena voluntad del padre Bergoglio, la Compañía de Jesús en Argentina no se ha limpiado”.
Ante las nuevas evidencias, “ni Bergoglio ni sus allegados han dicho una palabra”, escribió Verbitsky. Y prosiguió con sus pesquisas.
El 18 de abril del 2010, el reportero publicó en el periódico bonaerense Página/12 cinco testimonios más sobre la relación de Jorge Mario Bergoglio con detenciones de sacerdotes y de catequistas bajo sospecha de vinculaciones con los terroristas. Bergoglio otra vez prefirió el silencio.
Ayer el premio nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel dijo que no hay nada que relacione al nuevo Papa con la dictadura. En todo caso, la polémica continúa. Ahora Bergoglio es Francisco.
SU PALABRA EN 'EL JESUITA' 
“Nunca creí que (Yorio y Jalics) estuvieran involucrados en ‘actividades subversivas’ como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban. Pero, por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje”, declaró Jorge Bergoglio en El jesuita.
“Afortunadamente, tiempo después fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada y, segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos”, añadió.
El general Videla le dijo al periodista Reato: “La Iglesia no nos lastimaba. Le sobraba comprensión. (…) Se manejaba con prudencia: decía lo que tenía que decir sin crearnos situaciones insostenibles. En ese contexto, la relación fue muy buena”.

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