martes, 30 de julio de 2013

Gran Parada y Desfile Militar: cuatro horas de orgullo nacional


Al igual que el Perú, la avenida Brasil fue ayer el lugar de todas las sangres. La Gran Parada y Desfile Militar rememoró 192 años del aniversario patrio. Representó un buen motivo para valorar nuestra historia y a sus protagonistas.

Cuando es 29 de julio y golpean los veintiún camaretazos, todos los peruanos dispuestos en azoteas, sillas alquiladas, estrados y hasta árboles solo esperan con entusiasmo el inicio de una larga pero satisfactoria jornada patriótica.

Precedido por el regimiento de caballería Mariscal Domingo Nieto, llegó el presidente de la República, Ollanta Humala. Flanqueado por la primera dama, Nadine Heredia, y el titular del Congreso, Fredy Otárola, el mandatario dio la autorización para iniciar el desfile. Y así, alrededor de las 10:20 de la mañana, empezó la marcha sin que la demora o el frío supere el júbilo de familias con banderas en las manos y más peruanas que nunca.

El espíritu estalló cuando la gran banda de músicos de las Fuerzas Armadas  y la Policía Nacional convertían cantares populares en ritmos marciales. Así, las delegaciones extranjeras abrían el desfile. Miembros del Ejército, Marina de Guerra y Fuerza Aérea de Chile, Ecuador y Brasil recorrieron, a paso marcial, más de 40 cuadras.

Continuaron las delegaciones de nuestras Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Instituto Nacional Penitenciario y la  Unidad Canina del municipio de Lima. A ellos se sumaron los beneficiarios del programa Beca 18, las Unidades de Reserva y Fuerzas de Paz, los comités de autodefensa, comandos Chavín de Huántar, entre otros.

Si bien el público no escatimó en aplausos, pues ante el desplazamiento de algunas delegaciones, los ánimos se exacerbaron. Este fue el caso del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, quienes marcharon a pie 13 años después, la Unidad Canina de la Policía Nacional, con sus sorprendentes piruetas, así como las imponentes Unidades Motorizadas de las Fuerzas Armadas y la PNP.

Los participantes marchaban sin cansancio. Y si ellos fueron aclamados por el público, pues los cien patrulleros inteligentes recibieron los aplausos del estrado principal. Congresistas y autoridades celebraron por las nuevas unidades de la Policía Nacional. Y mientras helicópteros sobrevolaban, los bosques de banderas e indumentarias antiguas hacían más vistoso un camino acompañado por las arengas de un público entusiasmado hasta el alma.

Además, como es costumbre los ambulantes hicieron su agosto. Esta vez con la venta de bebidas calientes, comida y chalinas de colores patrios acorde al espíritu festivo.

También hubo incidentes. El público tuvo que evacuar una tribuna, un camarógrafo sufrió un accidente y dos unidades motorizadas chocaron. Esto sucedió dentro de las cuatro horas que duró el desfile, una actividad donde se lucha por ser más peruano,  donde se olvidan las diferencias y donde un día no basta para expresar el orgullo que se tiene por la patria.

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