viernes, 28 de marzo de 2014

Ojo alternativo de las protestas de Venezuela


Muchas personas están verdaderamente confundidas respecto a lo que viene ocurriendo en Venezuela en las últimas seis semanas.

Los medios de comunicación muestran imágenes de estudiantes en las calles, y reportan la muerte de más 30 personas al haber sido presas de un gobierno represivo que está “tomando medidas enérgicas” contra la disidencia. Se informa que, aparentemente, las protestas han sido motivadas por la escasez de bienes de consumo, la inflación, la criminalidad y, ahora, por supuesto, la “represión del gobierno”.

Sin embargo, todas estas “informaciones” vertidas por los medios comienzan a perder credibilidad al escarbar mínimamente detrás de ellas. En primer lugar, alrededor de la mitad de los 36 muertos reportados parecen haber sido asesinados por protestantes: estos incluyen a cinco personas que fueron baleadas tratando de desmontar las barricadas de los protestantes o pasar a través de ellas; a seis guardias nacionales que recibieron diversos disparos; y a siete personas asesinadas a raíz de haber chocado o topado con las barricadas (incluyendo a dos personas decapitadas por un alambre que había sido extendido, por los protestantes, a lo ancho de la carretera). Si bien no debería haber ningún muerto causado por la represión estatal, lo cierto es que solo un número muy pequeño de las muertes pueden ser atribuibles a las fuerzas de seguridad del Estado. Además, al menos 15 agentes de seguridad del Estado han sido enviados a prisión por presuntos abusos y actos de violencia contra los manifestantes, algo que les puedo asegurar que no existe en Perú cuando nuestros “policías antidisturbios” se ensañan con los manifestantes.

Asimismo, estas protestas no parecen ser producto de cualquier agravio específico causado por el gobierno electo. Por supuesto, la escasez y la inflación son un problema importante, pero lo es mucho más para las personas que carecen de recursos económicos, que para los manifestantes y sus adinerados partidarios.

Según informes de prensa, las protestas se han limitado a solo 18 municipios de 335 en Venezuela, y estas son algunas de las zonas más ricas del país. Todas las encuestas realizadas revelan que la gran mayoría de los venezolanos están en contra de las protestas, y ha habido numerosos artículos en la prensa acerca de cómo casi no hay manifestantes de escasos recursos o de clase trabajadora.

Una explicación política sería la más precisa para entender lo que está impulsando las protestas. Los dos líderes principales de las revueltas, Leopoldo López y María Corina Machado, representan la extrema derecha de la oposición que quiere derrocar al gobierno democráticamente electo. Estos dos líderes, que vienen de y representan a las personas más ricas del país, participaron en el golpe de 2002 que derrocó brevemente al gobierno democráticamente electo de Hugo Chávez. Corina Machado incluso firmó el decreto del gobierno de facto, que abolió la Constitución, el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional.

Otra cuestión crucial es quitarnos la idea de que estas protestas están organizadas en torno a quejas específicas, como las manifestaciones en Brasil del año pasado, que reunieron a personas en contra del aumento del coste del billete de autobús y de las millonarias inversiones en la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos; o con las protestas de los estudiantes chilenos de 2011-2013, que se organizaron para demandar mayores niveles de acceso a la educación. Desde el principio, las consignas de estas protestas y sus líderes políticos de extrema derecha fueron dirigidas a “la salida”, buscando anular los resultados de las elecciones de 2014.

Todos los gobiernos de Sudamérica entienden lo que está pasando en Venezuela; por eso, el 7 de marzo se opusieron a intervenir cuando el gobierno de los Estados Unidos trató que la OEA lo hiciese. Por un margen de 29 a 3 –con solo los gobiernos de derecha de Panamá y Canadá apoyando Washington–, la OEA votó y declaró su “solidaridad” con el gobierno de Venezuela.

Es únicamente debido a la tergiversación sistemática de los medios de comunicación que el movimiento antidemocrático, de gran parte de los protestantes, tiene cierta credibilidad. Y claro, no hay que olvidarnos del apoyo de Washington, que incluye dinero ($5 millones en el actual presupuesto federal de los EEUU a la oposición venezolana) y un montón de influencia sobre los medios de comunicación internacional. Mientras tanto, los invito a que ustedes escarben detrás de las noticias que reciben en este país cooptado por la derecha. Los invito a que no dejen que les sigan tomando el pelo.

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